Vacaciones de invierno: cuando miles de niñas y niños cambian el descanso por las calles

Las vacaciones escolares de invierno representan para la mayoría de niñas, niños y adolescentes un período destinado al descanso, la recreación y el fortalecimiento de los vínculos familiares. Sin embargo, para miles de niñas y niños bolivianos este periodo significa algo muy distinto: abandonar temporalmente los espacios educativos para incorporarse a las actividades económicas informales que desarrollan sus familias, principalmente en calles, mercados, ferias, terminales e incluso en espacios riesgosos como la Minas.

 

Durante las últimas semanas, equipos de intervención de la Fundación ALALAY han observado un incremento significativo de niñas, niños y adolescentes acompañando a sus madres en actividades de comercio informal, venta ambulante, expendio de alimentos, dulces, bebidas, frutas, ropa usada y otros productos. Aunque muchas veces estas niñas y niños no realizan directamente la venta, permanecen durante largas jornadas en espacios públicos expuestos a múltiples riesgos físicos, psicológicos y sociales, llegando a permanecer en las calles mas de 12 horas diarias junto a sus familias, con la finalidad de obtener la mayor cantidad de dinero posible.

 

Este fenómeno no puede analizarse únicamente desde la perspectiva del trabajo infantil, ya que no implica una remuneración directa, debe comprenderse dentro del complejo contexto económico que atraviesa Bolivia, caracterizado por un incremento sostenido del costo de vida, pérdida del poder adquisitivo de los hogares, crecimiento de la informalidad y aumento de la vulnerabilidad social. El reciente estudio de Fundación Jubileo señala precisamente que Bolivia atraviesa un escenario de crisis económica, inflación acumulada, alta informalidad y estancamiento productivo, factores que están deteriorando las condiciones de vida de miles de familias bolivianas y sumemos a toda esta situación 50 días de bloques que hicieron ente todo en el occidente del País que la canasta básica alimenticia sufra un incremento de hasta el 150%, situación que afecto con gravedad a las clase alta y media, lo cual implica desde solo ese analices el terrible impacto hacia estas familias altamente vulnerables.

La inflación golpea primero a las familias más pobres

La inflación no afecta por igual a todos los hogares, mientras una familia con ingresos estables puede absorber parcialmente el incremento de precios, los hogares que sobreviven del comercio informal experimentan una reducción inmediata de su capacidad para comprar alimentos, medicamentos, transporte y servicios básicos. En Bolivia, durante los últimos meses, el incremento en los precios de alimentos de primera necesidad, carnes, aceites, arroz, azúcar, verduras, productos de higiene y transporte ha obligado a miles de familias a incrementar sus horas de trabajo para mantener un ingreso similar al que obtenían anteriormente, si antes permanecían 8 horas en las calles ahora deben estar más de 12 horas.

Para quienes viven del comercio informal no existe salario fijo, vacaciones pagadas, seguro de salud ni estabilidad laboral, cada día sin vender representa un día sin ingresos, donde incluso como ellas mencionan que no pueden enfermarse, ni ausentarse un solo día pese a cualquier condición climática como un extremo frío (occidente) o extremo calor (oriente). Por ello, durante las vacaciones escolares muchas madres aprovechan que sus hijos no asisten a clases para llevarlos consigo a los lugares donde trabajan, no porque deseen incorporarlos a actividades laborales, sino porque no tienen otra alternativa para garantizar simultáneamente el cuidado de sus hijos y la generación del ingreso familiar.

La pobreza tiene rostro infantil y femenino

El estudio elaborado por Fundación Jubileo evidencia que la pobreza en Bolivia tiene un perfil claramente identificable: afecta principalmente a mujeres, población joven, personas indígenas y trabajadores informales, mostrando que la niñez constituye el grupo etario más vulnerable. Según este análisis, cerca del 50% de los niños menores de 12 años viven en situación de pobreza, porcentaje superior al observado en la población adulta. Del mismo modo, las mujeres presentan mayores niveles de pobreza que los hombres debido a las brechas laborales, la sobrecarga del trabajo doméstico y las dificultades para acceder a empleos formales.

Esta realidad se refleja claramente en las calles.

Durante los recorridos que realiza Fundación ALALAY, la gran mayoría de personas adultas que desarrollan actividades económicas son mujeres acompañadas por niñas y niños, situación que no es una casualidad muchas de ellas son madres solteras, separadas o abandonadas por sus parejas, quienes asumen completamente la responsabilidad económica y el cuidado de sus hijas e hijos. A nivel técnico le llamamos familias monoparentales, situación que se refleja cuando la madre enfrenta sola la supervivencia de toda la familia. Uno de los aspectos que mayor preocupación genera durante el trabajo de campo desarrollado por ALALAY es el crecimiento de familias monoparentales encabezadas por mujeres.

Cuando los equipos de trabajo calle que tenemos en ALALAY les preguntan a las madres del porque los niños permanecen tantas horas en las calles, la respuesta suele repetirse con pocas variaciones:

“No tengo con quién dejarlos”

“Vivo sola con mis hijos”

“Si no trabajo, no comemos”

“Tengo miedo que les pase algo en la casa.”

Estas respuestas permiten comprender que la presencia de niñas, niños y adolescentes en espacios públicos no siempre responde a una decisión económica orientada al trabajo infantil, sino a una estrategia de cuidado desarrollada por madres que enfrentan enormes niveles de precariedad, que a continuación les explico.

Muchas familias viven en habitaciones alquiladas de un solo ambiente

Ese único cuarto funciona simultáneamente como dormitorio, cocina, comedor y espacio de convivencia, no existen áreas seguras para que las niñas y niños permanezcan solos durante diez o doce horas. Las madres manifiestan temor permanente a que ocurran accidentes domésticos, incendios provocados por cocinas improvisadas, fugas de gas, electrocuciones o situaciones de violencia y abuso sexual.

En numerosos casos, las viviendas se encuentran dentro de inquilinatos donde conviven múltiples familias sin condiciones adecuadas de seguridad o también algunas familias son cuidadores de casas, es decir que como forma de pago de alquiler se ofrecen para cuidar casas, pero los dueños de la misma manera les ofrecen solo un cuarto (habitación).

Desde la perspectiva de estas madres, llevar a sus hijos consigo representa el mecanismo de protección que consideran menos riesgoso, paradójicamente, esta estrategia los expone a otros peligros igualmente graves, como también a la falta de comprensión por parte de algunos ciudadanos que piensan que las madres utilizan a las niñas y niños, cuando su realidad es otra.

Las calles también son espacios de riesgo

Aunque muchas familias consideran que mantener a sus hijos cerca les brinda protección, las calles constituyen escenarios altamente peligrosos para el desarrollo infantil, las niñas y niños permanecen expuestos durante horas a bajas temperaturas propias del invierno, contaminación ambiental, accidentes de tránsito, violencia urbana, explotación económica, consumo de alcohol y drogas, delincuencia, trata de personas, explotación sexual comercial y múltiples formas de violencia, ya que en Bolivia se tiene una dinámica muy particular debido a que estos espacios informales de económica también albergan a negocios que se benefician por la alta cantidad de transeúntes como ser bares, casas de cita, alojamientos,  etc., todas y todos en un mismo espacio territorial, sin ir más lejos solo pensemos en la Ceja de El Alto, El Mercado de la cancha en Cochabamba o la Ramada en Santa Cruz.

Las vacaciones escolares incrementan, además, el tiempo de permanencia en estos espacios

Mientras durante el periodo escolar muchas niñas y niños acompañan a sus madres únicamente algunas horas después de clases, durante el receso invernal permanecen prácticamente toda la jornada laboral, como mencionamos que podrían a llegar a ser más de 12 horas, esta exposición prolongada afecta no solamente su salud física sino también su bienestar emocional, sus procesos de aprendizaje y su desarrollo psicosocial.

La informalidad como círculo de reproducción de la pobreza

El estudio de Fundación Jubileo demuestra que uno de los factores que mejor explica la persistencia de la pobreza en Bolivia es la elevada informalidad laboral. Mientras solamente el 12,1% de quienes cuentan con empleo formal se encuentran en situación de pobreza, alrededor del 40% de las personas que trabajan en la economía informal continúan siendo pobres. Esto significa que trabajar ya no garantiza superar la pobreza cuando dicho empleo carece de estabilidad, protección social y remuneraciones suficientes.

Este dato resulta especialmente relevante para comprender el incremento de niñas y niños en las calles durante las vacaciones, la mayoría de las madres observadas por ALALAY desarrolla actividades comerciales completamente informales y con un capital en productos entre los 100 a 200 bolivianos, logrando de manera diaria unos 50 bs de ganancia en el mejor de los casos, dinero que en la actualidad se ha devaluado un 40%, es decir que si antes esta familia con esa ganancia podía comprar un kilo de carne hoy en día le alcanza solo para comprar medio kilo, todo por la inflación que existe en Bolivia y ni que decir de esos dias de bloqueo, prácticamente ese producto no existía y si existía su costo se había elevado el 100%.

Si una madre deja de trabajar para cuidar a sus hijos durante dos semanas de vacaciones, el hogar pierde una parte importante de los recursos destinados a alimentación, alquiler o transporte, ante esta situación, muchas optan por incorporar a sus hijos en sus rutinas laborales, no porque deseen vulnerar sus derechos, sino porque el sistema económico no ofrece alternativas de cuidado accesibles.

Más pobreza urbana, mayor presencia de niñas, niños y adolescentes en las calles

Otro aspecto relevante que como ALALAY hemos detectado es que actualmente la mayoría de las personas pobres de Bolivia vive en áreas urbanas. Aunque proporcionalmente la pobreza continúa siendo mayor en zonas rurales, en términos absolutos cerca del 59% de las personas pobres reside en ciudades, donde predominan la informalidad laboral, el alto costo de vida y la precariedad habitacional y precisamente son estos espacios urbanos donde ALALAY desarrolla su intervención cotidiana.

Las calles de La Paz, El Alto, Santa Cruz y otras ciudades muestran cada invierno un incremento visible de niñas y niños acompañando actividades económicas familiares, este fenómeno constituye un indicador indirecto del deterioro de las condiciones económicas urbanas.

Resulta importante reconocer que muchas niñas y niños observados durante las vacaciones aún no participan directamente en actividades productivas:

  • Inicialmente acompañan a sus madres.
  • Luego ayudan a acomodar mercadería.
  • Se reparten puntos de venta si son ya más grandes junto con su madre o puntos de recorrido.

Obviamente este proceso gradual constituye una puerta de entrada al trabajo permanente en las calles y la deserción escolar, si no existen políticas públicas de prevención, muchos niños terminan normalizando largas jornadas laborales desde edades tempranas.

Por último, debemos recordar

El incremento de niñas y niños en las calles durante las vacaciones escolares constituye mucho más que un fenómeno estacional, claramente es el reflejo visible de una crisis económica que está afectando con mayor intensidad a los hogares más vulnerables de Bolivia. La inflación, el aumento del costo de vida, la precariedad del empleo informal, la expansión de familias monoparentales y la ausencia de servicios de cuidado infantil confluyen para obligar a miles de madres a tomar decisiones extremadamente difíciles: salir a trabajar con sus hijos o poner en riesgo su seguridad dejándolos solos en viviendas precarias.

Las observaciones realizadas por Fundación ALALAY muestran que detrás de cada niña o niño presente en las calles existe una historia de supervivencia familiar, no de indiferencia parental, ya que desde la lógica de sus madres o familia están mejor protegidos junto a ellas, pero es indudable que si están expuestos a varios riesgos.

En consecuencia, abordar esta problemática exige reconocer que el trabajo infantil y la permanencia de niñas y niños en las calles durante las vacaciones escolares no pueden entenderse únicamente como un problema de protección infantil, constituyen también un indicador del deterioro de las condiciones socioeconómicas del país y de la necesidad urgente de fortalecer políticas públicas orientadas a reducir la pobreza, ampliar las redes de protección social y garantizar que ninguna familia tenga que elegir entre cuidar a sus hijos o asegurar el alimento diario, esto se los decimos porque como ALALAY día a día observamos y conocemos historias que calan hondo, que nos queda como institución el acompañar estos procesos desde la calle, nos gustaría tener todo el financiamiento necesario y sacar de estas situaciones a estas familias, pero es imposible sino trabajamos de manera conjunta con el Estado otros amigos de otras ONG’s.

Ariel Ramirez Quiroga
Director de Planificación